El pasado 10 de agosto de 2026, el terremoto que sacudió a Colombia nos recordó la tremenda fragilidad de la vida. Mientras las paredes se movían y buscábamos un lugar seguro, una realidad desgarradora se repetía en muchos hogares, patios y, lamentablemente, en establecimientos comerciales: animales amarrados a una cadena o atrapados detrás de los barrotes.